Documental sobre La Habana evoca una ciudad de nostalgias (Por GRETHEL DELGADO, Diario las Américas)

MIAMI— Dicen que 20 años no es nada, pero quizás para La Habana, detenida en un tiempo incierto, sea demasiado tiempo, sobre todo si se trata del progresivo desgaste de sus esquinas, de su propia esperanza. 20 años pueden ser una eternidad para quienes no han regresado a ella y desde la distancia la añoran, la sueñan y esperan verla otra vez.

Hace dos décadas, el escritor y cineasta Luis Leonel León realizó un documental que le canta, en tono melancólico diría yo, a La Habana, pero no solo a esa que resiste el embate de los años y los daños, sino también a las Habanas que pudieron ser, a las Habanas imaginadas por sus residentes. Se trata de Habaneceres, un documental que rebasa los predios del género y navega en el video arte, en la imagen que narra creativamente más allá de lo testimoniado, del documento. Habaneceres muestra a esta ciudad de más de 500 años con el filtro del VHS, como esos videos de la infancia donde cantamos "feliz cumpleaños", que vemos cuando la nostalgia aprieta, y donde buscamos al vecino que se fue, se murió o se olvidó.

Luis Leonel León junto al cartel de Habaneceres (Foto: AgnesPares) 

En la voz de creadores de la isla —el dramaturgo Alberto Pedro, el director de cine Fernando Pérez, el cantautor Carlos Varela y el escritor Leonardo Padura— León nos transporta a una miríada de sensaciones, de colores, olores y tristezas, de modo que si usted se encuentra en ese estado específico de sensibilidad, puede terminar llorando. Yo lo he hecho y ha sido un acto de limpieza.

Su material es reflexivo, dice mucho allí donde omite, porque se apoya en los gestos y en la forma en que hablan sus entrevistados para completar la ansiedad del "período especial", la vida sobreviviente de los 90 en la isla. Esa intuición narrativa del documental lo hace aún más valioso, además de su innegable peso histórico, porque recoge el tono de una época, el dolor colectivo en una ciudad tan peculiar como La Habana. Ciudad de tantos contrastes, donde lo mismo rompen el cuero del tambor poseídos por la música y el ron, que despiden en silencio a un hijo que parte al mar. Es también esa ciudad "muy personal" que describe el dramaturgo Alberto Pedro, con la convicción de que allí cada uno está buscando su ciudad.

Con una especial fuerza se fijan en la memoria los rostros de esos habaneros desganados, pero que a veces sonríen, que son felices de un modo extraño, imposible de definir. Se nos quedan pegados también, como dos promesas, los ojitos de la niña que mira desde un balcón. ¿Dónde estará ahora esa mujer?, podría uno preguntarse. La magia del cine, que lo detiene todo en la imagen.


Y si a eso sumamos una banda sonora integrada por canciones de Bola de Nieve, Los Zafiros y Carlos Varela, en una curaduría que se erige como otro personaje y viene a contarlo todo desde la emoción, se da el empaque perfecto.

El documental cierra con atisbos de esperanza, de cambio, "fuera de todo fanatismo", como dijo Fernando Pérez, en espera del amanecer que avizoramos cuando la noche es más oscura, parafraseando a Ho-Chi-Minh.

20 años después

Habaneceres, rodado en 2001 por León en sus tiempos de estudiante de la Facultad de Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte (ISA), se estrenó en los cines Riviera y La Rampa, en la barriada habanera del Vedado. Su temática, con menciones al Maleconazo y al éxodo de Mariel, lo convirtieron en un material sospechoso a ojos del régimen cubano.

A pesar de que obtuvo el gran premio en el festival Cine Plaza, pronto se dejó a un lado "y se puso un par de veces en pequeñas salas a horarios no muy concurridos. Y había que estar 'conforme' porque por poco no lo aceptan. Fue Fernando Pérez quien se plantó y logró que no lo dejaran fuera".

En ese sentido, León indicó que "mucha gente me preguntó en su momento, y aún lo hacen, cómo me atreví a poner las imágenes del Maleconazo. La verdad es que me dio mucho gusto ponerlas. Fue parte de un momento en el que varios artistas, no solo del movimiento cinematográfico que desarrollamos los que éramos jóvenes, nos atrevimos a mucho más".

"Entonces no existían las redes sociales y todo quedaba en espacios casi cerrados. Pero no solo en el cine y la literatura sino incluso en la radio de hace unos 25 años, cuando yo empecé, hicimos obras contestatarias, que como escribió mi colega el sonidista Manuel Hernández, eran tiempos en los que 'todo lo que uno pensaba ó decía sonaba subversivo'", añadió.

Pero como ocurre siempre que la censura se impone con sus formas tan poco agradables, "comenzó a distribuirse de manera clandestina en casetes y discos. Eso también era emocionante (yo también contribuí a la causa pirata)".

Una vez fuera de Cuba "se proyectó en la Casa de America de Madrid, el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, la Universidad de La Laguna y otros centros culturales y de estudios de España y Europa". Como agregó León, "en el Miami Film Festival lo presentó Alejandro Ríos. Entonces no nos conocíamos pero consiguió mi teléfono en La Habana. La mañana que me llamó me dijo que él y su esposa habían llorado viéndolo. Le conté que en las proyecciones dentro de Cuba la gente también soltaba lágrimas. Una especie de raro elogio que no acababa de hacerme feliz".

A finales del 2001 los periodistas, críticos e investigadores de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica (ACPC), afiliada a la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRECI), eligieron a Habaneceres como el Mejor Documental Cubano del año. “Hace unos días lo puse en mi blog, en una copia maltratada que tengo, y he recibido cientos de mensajes. Personas que me cuentan sus recuerdos de cuando lo vieron hace 20 años y otros que lo han descubierto ahora. Todos muy emotivos”, dijo el cineasta.

Frente a la pregunta de qué siente al ver el documental después de estos años, León dijo que "para desgracia de nuestra gente, era como si no hubiera pasado el tiempo. Un cosa terrible. A la par recuerdo y trato de analizar el contexto en que hice ese y otros documentales, y el movimiento cinematográfico que se gestó y que ya no existe allí".

¿Qué estaría haciendo ahora Luis Leonel en su Habana? "Siento que de no ser por el sistema nefasto que persiste en la isla y que nos ha hecho a tantos irnos, muy probablemente yo estaría disfrutando hacer cine en mi país, pero a la vez siento que elegí darle a mis hijos un camino en libertad y eso estará siempre por encima de cualquier sueño o realización profesional", explicó.

Aún le sorprende que las personas lloren al ver su documental. Como creador, siente esa inquietud, ese temblor de mostrar su obra. "Para esto nunca estuve preparado y me lleva sucediendo desde la primera vez que vi mucha gente soltar lágrimas en un cine repleto. Y también siento, ya no viéndolo sino leyendo los comentarios de la gente en redes sociales, creo que debí haber invertido más el tiempo en estos 20 años en hacer otras películas, pues he hecho pocas", comentó.

Sin embargo, aunque otros caminos creativos le han mantenido ocupado, recientemente impulsa dos películas en las que trabaja, Arena en los ojos y Cándido el rey de las 3 congas, además de otros proyectos.

Vale mencionar que en días recientes varias personas han comentado en redes sociales sobre el documental. En una publicación en Facebook, el crítico de cine Joel del Río escribió: "No sea modesto. Habaneceres es un clásico. Mejore lo que quiera pero ya está en un lugar a nadie podrá discutirle". Asimismo, un exalumno de la escuela de cine del Instituto Superior de Arte, Robert Otero, recordó: "Cuando yo entré en la FAMCA ese era uno de los documentales que te ponían como ejemplos de logros de estudiantes de la facultad. En la cinematografía cubana de los primeros años de los 2000 este es un documental de culto".

Un 15 de noviembre en camino

Ahora que La Habana es sacudida por nuevos reclamos por la libertad, hijos a su modo de aquellos de agosto de 1994, León destacó que "hoy no solo esa Habana rota y cansada, sino Cuba entera, tal como se vio el 11 de julio, vive un momento que, más que histórico, si se interpreta y conduce con inteligencia, podría llegar a ser definitorio".

Ahora bien, su temor "es que ese encendido espíritu de rebeldía no se aproveche estratégicamente y la gente termine cansándose como ha ocurrido en Venezuela y otros países bajo regímenes represivos. Ojalá que no se nos vaya este delicado fenómeno de las manos y logremos preparar a la sociedad, que se decidió a gritar 'no más comunismo', para otro estallido social 100 veces más grande que el 11 de julio, que ponga fin a la dictadura con la necesaria confluencia de espontaneidad y estrategia, pues esto último faltó el 11-J".


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