Rosa María Payá, en la mira del régimen cubano


La presencia de la hija del fallecido disidente cubano Oswaldo Payá entre quienes asistieron a la más reciente comparecencia de Donald Trump en Miami, le ha valido a Rosa María una campaña de descrédito desde los medios de difusión oficialistas de la isla


30 de junio de 2017 - 18:06  - Por LUIS LEONEL LEÓN
MIAMI.- Con una exhortación a que le concedan cinco minutos en televisión, Rosa María Payá, hija del fallecido opositor Oswaldo Payá Sardiñas, retó al régimen de La Habana, después de que a través del noticiero nacional de la televisión cubana fuera acusada de andar de viaje por el mundo, haciendo contrarrevolución.
Desde su cuenta de Twitter, la joven, que reside como refugiada política en EEUU, hizo ese reclamo al Gobierno cubano que mantiene el control absoluto de los medios de difusión, para que le concedan la posibilidad de responder a las alegaciones en su contra.
Rosa María sencillamente ha pedido ejercer su derecho a réplica. Los ataques hacia ella y la labor que desempeña en busca de solidaridad internacional con los opositores cubanos se arreciaron después de su reciente aparición entre los invitados a la comparecencia del presidente estadounidense, Donald Trump, en la ciudad de Miami, en la que anunció un cambio en las directrices de las relaciones entre Washington y La Habana.
Las inexactitudes de lo dicho para desacreditar la labor de Payá incluyen un artículo, de la autoría de L. Alberto Rodríguez, periodista también de Telesur, originalmente publicado en El Excélsior, de México y que reprodujera el blog Cartas Desde Cuba, que administra Fernando Rasverg.
El texto en cuestión se refiere a Rosa María como “la nueva cara del anexionismo cubano”, e ironiza sobre la forma en que la joven lleva el pelo y se viste, apelando a la manida técnica de la propaganda cubana de identificar con estereotipos a todo el que enfrente a la oficialidad.
En el referido artículo califican a la hija de Payá como “disidente de nuevo tipo”, “neo-revolucionaria posmoderna”. Pero lo más nocivo de ese parlamento dirigido a desmoralizar no es precisamente que traten de desvirtuar las denuncias internacionales emprendidas por esta joven.
Lo verdaderamente irrespetuoso es que retomen el nombre de su padre, fallecido en 2012 en un accidente de tránsito junto a Harold Cepero, otro joven opositor al régimen, en circunstancias verdaderamente inexplicables y de lo cual un testigo del hecho, a quien juzgaron y trataron de presentar como responsable, asegura se trató de un hecho premeditado y provocado.
El artículo, sospechosamente publicado en un medio extranjero antes de que la televisión oficial cubana lanzara el ataque contra Rosa María, hace alusión al Proyecto Valera, ideado y desarrollado por Oswaldo Payá calificándolo de “una iniciativa financiada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, operado de 1998 a 2003”, con la cual “se pretendía desmantelar el socialismo en Cuba”.
Lo cierto es que con el Proyecto Varela, del que ahora se habla en Cuba sin tapujos y que en su momento estuvo prohibido mencionar públicamente, basado en el artículo 88 de la propia Constitución cubana de 1976, Oswaldo Payá consiguió superar la cantidad de firmas ciudadanas indicadas en la carta magna (10.000), para proponer nuevas leyes.
Al éxito de la gestión cívica emprendida por el opositor, con la que en un primer momento consiguió colectar 11.200 firmas y posteriormente agrupó otras 14.000, el régimen cubano respondió con una enmienda a la Constitución con la que declaraba irreversible el carácter socialista del Estado.
Sin embargo, en el artículo publicado en El Excélsior y reproducido en el blog Cartas Desde Cuba el autor que al parecer ignora esta información de dominio internacional, califica el Proyecto Varela de “desastre y fracaso”.
El complemento de este ataque a Rosa María y al legado de su padre, que ella defiende y representa, fue el segmento trasmitido en el noticiero de la televisión cubana: “Si escucha el nombre de Rosa María Payá probablemente no sepa de quién le hablan”.
Y quizás muy pocos en la isla pueden conocer a los opositores, pues la dictadura no los reconoce y menos les proporciona espacio público. Lo que sí sucede con quienes se enfrentan a la dictadura es que los marginan, agreden física y verbalmente y hasta pueden morir de forma inesperada o por una enfermedad que termine con sus vidas repentinamente.
Las contadas veces que los nombres de quienes integran las filas de la disidencia en Cuba se escuchan en los medios como en este caso, siempre es para difamarlos, desacreditar su gestión y ridiculizarlos sin ofrecerles derecho a réplica.
El reportaje de la televisión castrista, define a Rosa María como “uno de los personajes de la fauna contrarrevolucionaria” que estuvo presente en el discurso del presidente Trump en Miami para anunciar las directrices de su política hacia Cuba, con las cuales en régimen queda en desventaja.
Al parecer, la presencia de la joven en el grupo de invitados en el teatro de Miami le facilitó el móvil tanto al autor del artículo de El Excélsior como a los productores del noticiero de televisión y de paso les sirvió de contexto para atacar a organizaciones como la OEA (Organización de Estados Americanos) y a su secretario general Luis Almagro, a quien en febrero de este año el gobierno cubano le negó la entrada a Cuba para recibir el premio Oswaldo Payá y quien sistemáticamente condena la represión en Venezuela, alentada y asesorada por el castrismo.
Otra razón para atacar a Rosa María desde su propio país lo constituyen los reconocimientos internacionales de los que su padre fue acreedor el premio Andrei Sajarov a los Derechos Humanos del Parlamento Europeo en 2002 y haber estado nominado al Premio Nobel de la Paz en varias ocasiones. Oswaldo Payá fue fundador y líder del Movimiento Cristiano Liberación.
En 2015 Human Rights Foundation dio a conocer un informe que admite las evidencias disponibles como una prueba de que la muerte de Payá y su compañero Harold Cepero revelan un incidente provocado y no un accidente.
Rosa María ha llevado la denuncia de la muerte de su padre a varios foros internacionales. La joven también dirige la plataforma Cuba Decide, que propone la realización de un plebiscito vinculante para iniciar una transición a la democracia en la isla. Una iniciativa similar al Proyecto Varela, que también se mantiene vigente y cuyo coordinador nacional, cargo que ocupaba Oswaldo Payá hasta su muerte, es el doctor Eduardo Cardet, prisionero político en una cárcel cubana desde el pasado año.