El poeta Ramón Fernández Larrea le pone humor al verbo

Entrevista para DIARIO LAS AMERICAS - Letras |  23 de Julio de 2015 LUIS LEONEL LEÓN Especial DIARIO LAS AMERICAS @luisleonell...

Entrevista para DIARIO LAS AMERICAS - Letras | 23 de Julio de 2015




LUIS LEONEL LEÓN
Especial DIARIO LAS AMERICAS
@luisleonelleon

Conversar con Ramón Fernández-Larrea es un placer cotidiano para mi. Hace más de 25 años que le leo y le conozco. Primero en aquella Habana de finales de los 80’ que soñó cambiar con humor y poesía. Y luego lejos de ella, mientras hacemos televisión en Miami, lo cual más que un trabajo a veces puede ser una gran locura, y donde por suerte nunca faltan sus chistes ni sus versos.

Siempre ha vivido entre poemas y comedias: creador de El programa de Ramón (Radio Ciudad Habana), escritor de populares espacios televisivos de Miami (Seguro que yes y TN3 en América Tevé, y Esta noche tu night y El Arañazo en MegaTV), y autor de varios poemarios premiados dentro y fuera de Cuba, entre ellos: El pasado del cielo (Premio Nacional de Poesía 1985, Cuba) y Poemas para ponerse en la cabeza (Premio XX Aniversario del Caimán Barbudo, 1986). El más reciente, Todos los cielos del cielo (Premio Internacional de Poesía Gastón Baquero 2015) se presenta en Coral Gables el 1ro de agosto. Con este buen pretexto, conversamos para DLA.

¿Has tenido suerte con los premios?


No he tenido obsesión por competir. Siempre entendí que la poesía es un acto individual, un acto de fe. Una especie de catarsis, o de exorcismo, y eso no lo mide ningún jurado. En Cuba, en mi época, en los años 80 y 90, desgraciadamente los premios eran casi la única forma de garantizar la publicación. Creo que he tenido suerte, o que determinados libros míos llevaban esa carga de suerte o algo que llamó la atención de quienes daban los premios. Los premios me han ayudado pero no han cambiado lo que soy.


-¿Cómo construiste Todos los cielos del cielo?


Fue casi una iluminación que se convirtió en necesidad. Había un cambio de lenguaje y necesitaba probarlo. Fui escribiendo poema tras poema, echándolos en esa especie de caja que son los archivos de la computadora, hasta que un amigo me mandó las bases del premio Gastón Baquero una semana antes de que cerrara la convocatoria. Armé un poemario y algo me dijo que podía funcionar. El título del archivo no me convencía, así que se lo cambié porTodo lo que ardía, pero me sonaba a bolero. Y mira que a mí me gustan los boleros y los tangos, pero el libro no tenía ese aire, así que hurgando, encontré en un poema el verso que le da el nombre al libro. Me sorprendió recibir el premio, y también me conmovió, porque en el fondo el libro era una especie de homenaje a esa generación de Gastón, sobre todo en la cuerda de él mismo con su Testamento del pez y de Eliseo Diego.


-Escribir todos los días para un show de TV en vivo no es tarea fácil y roba mucho tiempo. ¿Puede la poesía sacarnos de la rutina y la sobrevida?


Es como vivir dos vidas, una dentro de la otra. Puedo estar viendo una película, o manejando, y el cerebro va armando un poema. Puede ser primero unos sonidos, o unos colores, y ese sonido y esas luces encuentran palabras. A veces solamente aparece un verso que repito como si fuera un conjuro. En ocasiones hay tiempo de escribirlo en un trozo de papel. En otros lo recito como un mantra, hasta que se queda ahí en la memoria. Pero la poesía es un credo, y ya sea en la mañana o en la noche, frente al mar y bajo las estrellas, la siento que está ahí, cobrando forma en todas las formas, ordenando a su manera las cosas de este mundo. Sólo hay que cerrar los ojos y sentirla.


-¿Recuerdas cómo te hiciste poeta?


Tenía 9 o 10 años y a mi madre le prestaron una máquina de escribir portátil. Era blanca, deslumbrante. Esa noche me senté frente a ella, puse una hoja y escribí. Y era un poema. O algo parecido a un poema, con sonidos, imágenes y brevedad concisa. Luego probé escribiendo narraciones, muy a lo Juan Rulfo en El llano en llamas. Pero ahí estaba la poesía sin uno saberlo.


-¿Y humorista?


Siempre fui uno de los más chiquitos y flaquitos de la escuela. Descubrí la patente de corso que daba poder burlarse de uno mismo. Provocaba temor entre los grandes y fuertes, porque si uno se burlaba de uno mismo descarnadamente, ¿qué le tocaría a los demás? (Risas) Muchos años más tarde acompañé a mi tía a exhumar los restos de mi madre. Uno de los enterradores, preocupado por el momento y queriendo ser amable, comenzó a meter sus huesos en una caja que iba a ser el osario. Cuando llegó la tibia y vio que no cabía, imaginé lo que iba a hacer y tuve que contener la risa. Descubrí cómo lo salvaba el humor a uno, y que el ser humano está justamente entre la tragedia y la comedia, y nos pasamos el día balanceándonos en ese trapecio, yéndonos de vez en cuando a los extremos.


-¿Cómo es vivir entre esos dos mundos, que aunque se tocan son diferentes?


Dicen que hombre precavido vale por dos. Y yo soy dos en uno. Un hombre que se conmueve y otro que se ríe del que se conmueve. Los dos sufren por las mismas cosas, y se toman muy a pecho el humor y la poesía. Y no son mundos tan distintos. Son dos maneras de ver la vida y el universo. Se aprende mucho del ser humano. Y mientras más conozco al hombre más quiero a mi perro, y si es de yeso, mejor. (Risas) Me siento muy cerca de Francisco de Quevedo y de Voltaire, vecino de Rebelais.


-¿Qué crees de lo que suele decir Pepe (José Ramón) Fajardo: “Fidel, que siempre se sale con la suya, tuvo la mala suerte de que Ramón naciera el 1ro de enero"?


No tuve la culpa de ninguna de las dos cosas. A Fidel lo dejaron entrar y quedarse, y yo nací un año antes de ese accidente. Le desgracié la fiesta de fin de año a mi madre. Suerte que lo estaba celebrando en la misma clínica donde era médico mi padre. Lo cierto es que al nacer inaugurando el año tengo uno de los cumpleaños más tristes de este mundo. La gente me abraza pasadas las doce, se sigue emborrachando y me tiran olímpicamente a mondongo el día primero, porque están durmiendo la resaca. Eso parece que me ha hecho más solitario aún.




-No fueron pocos los que alabaron a Fidel Castro con poemas en Cuba. Entonces lanzaste una ráfaga titulada Generación. ¿Qué te impulsó a hacerlo?




-En menos de dos minutos me has mencionado el nombre de ese señor dos veces. (Risas). Fue en un Congreso de Jóvenes Creadores. Todavía yo creía que el país nos pertenecía y que podíamos arreglar las cosas desde adentro con honestidad. Un grupo de artistas jóvenes creímos que había que plantearle cosas al que presidía la reunión, el país y nuestros destinos. Me sugirieron que dijera aquel poema, que resultó ser una especie de bandera o blasón de mi generación. Fidel no se esperaba aquello y yo, sinceramente, pensé que me iban a desaparecer del mapa cuando terminara. Pero en la medida que leía el poema, creía tanto en sus verdades que no me importaba nada. Y ahí quedó ese momento.






Generación


nosotros los sobrevivientes


a nadie le debemos la sobrevida


todo rencor estuvo en su lugar






estar en cuba a las dos de la tarde


es un acto de fe


no conocían mi rostro el frank con su pistola






yo tampoco he soñado la cara


de quien va alegremente a joder en mi cama


en mi plato sin la alegría que merece


o que merecería si soy puro






viejo tony guiteras el curita los tantos


que atravesaron una vez la luz


no pensaron que yo sería ramón


sudaron porque sí porque la patria gritaba


porque todas las cosas estaba puestas al descuido






este es mi tiempo de alambres y beirut


de esa bomba callando


era verdad lo que juanito dijo


la felicidad es una pistola caliente


un esplendor impensado una rosa


todos tenemos alguna estrella en la puerta.






-Una remembranza obligada: ¿Cómo nació, cómo logró vivir esos años, y cómo murió El Programa de Ramón?


¿Vida, pasión y muerte de El Programa de Ramón? Te lo contaré rápido y fácil. Estuve algunos años sumergido en lo puramente cubano, en lo tradicional, trabajando en la emisoraC.O.C.O. Un buen día, después de haberme quedado meses sin trabajo, entré a Radio Ciudad de La Habana, una emisora que habían hecho como radio joven y era todo lo contrario. Allí dirigía en las noches un programa de participación en vivo. Pero empecé a hacer otras cosas, como por ejemplo, a ponerle efecto de público a seis canciones de Led Zeppelin y simular que transmitíamos en directo desde Inglaterra. Una tarde, el jefe de programación (José Hugo Fernández) me hizo un regalo tremendo: me dio una hora en la tarde para que yo hiciera el programa que quisiera, y eso hice. Escribí y grabé el programa que yo quería escuchar. Se emitió de lunes a viernes, siempre a las 5:00pm y luego lo repetían a las 12:00am. Pocos recuerdan que los primeros meses de 1988 salimos también los sábados, para lo cual hacíamos un especial. Recuerdo que adapté una especie de noveleta, El caballero del miembro encogido, una parodia de las novelas de caballería que publicaba el grupo Nos y Otros en la revista Alma Mater. EPR salió al aire el 28 de marzo de 1988. En esas primeras emisiones estaban María Luísa Morales, Alberto D. Pérez y Danilo José como conductores, y hacíamos voces Elvira Trujillo y yo. Luego se fue sumando gente, y logramos tener un equipo muy divertido donde estaban, entre otros, Ulises Toirac, José Luis Bergantiños y Luis Alberto García. Otro gran actor, Frank González, que en cine hacía la voz de Elpidio Valdés, pasaba a veces por las grabaciones y hacía voces. Una vez que faltó Luis Alberto, llegó Frank, le pusimos el personaje que había hecho Luisito en la grabación anterior, y lo imitó a la perfección. Siempre era una fiesta la grabación. Lunes y martes de 6 p.m. hasta cerca de las 10 p.m. Creo que duramos porque desde el principio fue un fenómeno de masas. Mucha gente que encontré me contaba que moviendo el dial habían descubierto el programa y pensaron que era de una emisora extranjera. Sospecho que pensaron que podían usarnos para mover a la juventud. A menos de un año de estar al aire convocamos una disparatada actuación en vivo en el Pabellón Cuba, y aquello fue el acabose. Entraron más de 14000 personas a un lugar donde caben unas 4000 ó 5000. Cuando yo iba llegando me dio un ataque de pánico. La policía desviaba el tráfico por la avenida 23 y habían cerrado la calle 21 (en El Vedado). El programa duró 3 años justos. Del 28 de marzo de 1988 al 28 de marzo de 1991. La noche de la emisión final yo estaba en Paris con Frank Delgado. Y celebramos la muerte de EPR como algo que nos dio vida.


-En más de medio siglo muy pocos programas en Cuba han llevado el nombre de su autor. ¿Cómo lo lograste?


Como sabía que después de 1959 el único programa personalizado fue aquel encuentro televisivo con Rosita Fornés, Cita con Rosita, me atreví a ponerle mi nombre para jeringar, y porque en la emisora me tenían loco presionándome para que dijera cómo se iba a llamar. Las asesoras, las asistentes de programa, los programadores, todos preguntaban: ¿Y cuándo sale el programa de Ramón? ¿Y a qué hora es el programa de Ramón? Así que me lancé, y cuando la directora de la emisora me preguntó cómo se iba a llamar el programa le dije: El programa de Ramón. Y antes de que el susto le nublara la vista, usé el truco que tenía preparado: le dije que era un programa para gente inteligente, o sea Ramones, no era un programa para mongos. Y lo compraron.


-El humor suele ser un género crítico, ¿es real el ejercicio del criterio en los medios cubanos?


En Cuba la crítica que se supone que señala errores, que juega con la cadena pero no con el mono, se llama “señalamientos”. Y el que lo hace es llamado un “compañero combativo”. En cambio, quien critique la esencia del sistema, su retórica y sus mentiras, ese es un mercenario y su crítica son vituperios a la revolución. No hay crítica porque no hay diversidad de criterios, ni se respeta el derecho a la opinión diversa ni la libertad de pensamiento. Y todo lo que difiera del pensamiento oficial es peligroso. Hasta la burla, aunque es la que más pasa porque no la toman en serio.


-¿Cómo recuerdas El Programa de Ramón?


Me divertí mucho y conocí a muchísima gente buena, inconforme, que encontraba en el programa un bálsamo, un oasis para su malestar dentro del país. Amén de que hicimos trizas las “orientaciones de arriba” y aquellos lineamientos idiotas del ICRT, que en el fondo eran los del Partido Comunista.


-¿Por qué te fuiste de Cuba?


EPR también significó un castigo. Caí en una preciosa e invisible lista negra que no me permitía seguir haciendo lo que sabía hacer. Fueron años convulsos, en los que cada vez decía lo que pensaba más abiertamente. Un día vi los posibles futuros que me esperaban: Morir alcoholizado. Morir loco. Morir en prisión, con sus variantes: alcoholizado y loco. O irme. Y esa me gustó más.


¿Has regresado a la isla?


Regresé en el 2009 unos días por un asunto estrictamente familiar. Y comprobé que aquello estaba más asfixiante que antes. Volver violentó mis argumentos éticos: me fui por desacuerdo con un gobierno. Entonces no puedo regresar por un tiempo breve y estar nuevamente de acuerdo con ese gobierno. No tengo deseos de regresar para oler derrumbes. Y me pone mal que un gobierno vete o viole mi derecho a entrar y salir del país donde nací, aunque no me sienta muy orgulloso de pertenecer a él.


-Barcelona es una ciudad que llevas dentro. ¿Qué significa para ti?


Barcelona era la ciudad que busqué toda la vida sin saberlo. En ella he sido feliz, y pensándola lo vuelvo a ser. Es como si por esa ciudad caminaran antiguos familiares míos. Fantasmas queridos que me saludan sin que yo los vea.


-¿Llevas Barcelona más adentro que La Habana?


Sí. La Habana fue una ciudad no elegida por mí. Nací en Bayamo (Oriente de Cuba) por casualidad. Mi padre que fue médico la había elegido para ejercer su profesión. De hecho soy el único de mi familia que nació allí. Luego mi madre regresó un día a La Habana conmigo y con mi hermano. Pero a Barcelona llegué cuando lo había perdido todo en este mundo. Y nos enamoramos solamente de vernos.


-En Barcelona te tomaste tu último trago de alcohol. ¿Cómo fue dejar a ese viejo acompañante?


Dejar de beber en España, donde nunca hay menos de 6 bares en cada acera fue una medida de mi voluntad. Me enseñó que yo podía lograr cualquier cosa. Y no extraño a ese “viejo compañero”, que no amigo. Esa adicción me iba a matar.


-¿Finalmente te sientes ciudadano de Miami Beach?


Miami Beach es el mar, tal vez el mismo de La Habana. Son las gaviotas, los pelícanos, los delfines. El sol. Y tiene la dinámica de ciudad que no se ve en otras áreas de Miami. Tengo en los bajos al siquiatra más barato del mundo: sentarme a pescar lo que pique el anzuelo entre un pelícano y una iguana. Miami Beach me gusta porque también significa algo en mi libertad: elegí vivir ahí, y cada mañana ver barcos zarpando o llegando, y el sol hundiéndose en el agua infinita.


¿Cómo ves la televisión hispana de Miami?


Antes la veía sentado. Ahora no la veo. Dedico mi tiempo libre a ver series y películas. Creo que los medios hispanos están a años luz de los anglos. En técnica, en profesionalismo, en salarios. Los medios hispanos que conozco tienen una abrumadora acumulación de ejecutivos imbéciles por metro cuadrado. También hay una saturación de medios cerebros que creen haber alcanzado la gloria y que se pisan los grandes egos. Todos creen que saben porque estos son medios muy atractivos para los farsantes.


-¿Y qué tal la radio?


No la conozco a fondo. Pero lo que he escuchado me desagrada. Pienso que la radio pudiera dar un salto de calidad mucho más rápido que la televisión. La radio es, ante todo, imaginación. Y eso existe en mucha gente capaz a la que han alejado los incapaces. Por ahí anda un proyecto conjunto que alguna vez haremos Camilo Egaña y yo, y los que se sumen. Sólo falta que alguien despierto apueste por nosotros.


-¿Qué opinas de lo que está sucediendo, más allá de titulares y discursos, entre los gobiernos de EE.UU y Cuba?


No me interesan los discursos. Me cansé de los discursos. Son vacíos y llenos de vanidad. O son cuentos de hadas pasados de moda. Lo que nunca entendí muy bien es por qué EE.UU alimentó durante tanto tiempo la heroica imbecilidad de Fidel Castro, y le dio argumentos para que tuviera al pueblo en pie de una guerra ficticia. Más allá de enfrentamientos ideológicos o de clase, que también son grandes mentiras, son dos naciones cercanas y supuestamente civilizadas, con una historia común. Desde hace tiempo no creo en los políticos, ni en que los gobernantes aporten nada sustancioso a la historia. La vida misma va acomodando las cosas.


-¿Ramón en el 2015?


Intensidad y madurez. Otro poemario. Un primer libro que reúna las cartas de humor que escribía lunes tras lunes en Cubaencuentro, y algunas sorpresas más. Y la alegría de la esperada llegada de mi hijo a este país.


-Últimamente has presentado varios libros de tus colegas de Miami y ahora presentas uno que es tuyo. ¿Extrañabas eso?


Me anima mucho. El 1 de agosto, el poeta Emilio García Montiel presentará Todos los cielos del cielo en George´s Gallery, 815 Ponce de León, Coral Gables, a las 7 p.m. Todos los que quieran escuchar poesía y conocer más a un poeta vivo, están invitados. Y a lo mejor hasta descubren que el poeta al que presentan es buena persona y un ser entrañable, extrañable. Tal vez hasta extraditable.

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