La quimera de la libertad: el verdadero susurro de La Habana (El Nuevo Herald)

El Nuevo Herald

01/09/2015 5:00 PM 
01/09/2015 10:00 PM
http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/opinion-sobre-cuba/article5760432.html

El arte, aunque muchas veces no lo sea, se supone libre, o al menos suele aspirar a serlo. No en balde son tantas las obras cuyo principal objetivo o argumento no es otro que la libertad, la necesidad, la búsqueda de la libertad, personal, social, literaria, su deseo fugaz o para siempre. Hay pocas metáforas tan tristes como ver la libertad vestida esperando a que alguien, en un rincón del mundo, en una isla, venga a sacarla a bailar. 

Por eso Tania Bruguera quiso sacarla a bailar. Y de algún modo logró hacerlo. Más que la libertad, es la quimera de la libertad el verdadero tema de “El susurro de Tatlin”, el ya célebre, sobre todo por frustrado, performance que proyectó realizar el pasado 30 de diciembre en La Habana ésta artista cubana, que desde años reside y trabaja con éxito entre París y Nueva York, y que las autoridades han decidido retener en la isla como castigo a su acto de “desobediencia civil”, uno de los peores cargos que allí puede enfrentarse. Por suerte la exposición internacional la salva de la mayor sentencia.
El concepto de su obra, que en cualquier otro contexto social no sería una excepción, para la Cuba de hoy resulta tan simple como tan complicado: se abriría un micrófono en un espacio público para que cualquier ciudadano pudiera expresar libremente, durante un minuto y de forma pacífica, sus opiniones y anhelos en cuanto al futuro inmediato de su país. 

Es obvio que la inspiración nació con las dudas y el entusiasmo colectivo generado por el restablecimiento de las relaciones gubernamentales y los supuestos “cambios” a favor del pueblo, pregonados a coro por Raúl Castro y Barack Obama el 17 de diciembre. De ahí que el performance se promoviera a través de la plataforma “Yo también exijo”, en directa referencia a la aspiración de que finalmente los cubanos puedan expresarse con libertad y también exigirle a su gobierno, no únicamente vivir con miedo, acatando en silencio las órdenes que les da un gobierno que jamás hemos podido elegir democráticamente.

En este entorno se anunció la segunda edición (ampliada y revisada) de “El susurro de Tatlin”. Un catártico concepto que años atrás su creadora había ejecutado en La Habana, pero en una coyuntura y un escenario bien distintos. 

Durante el primer susurro, varios cubanos, entre ellos la bloguera Yoani Sánchez y otros disidentes, pudieron subirse a un podio similar a los que solía usar Fidel Castro para sus interminables discursos, custodiados por dos jovencitos vestidos con el uniforme verde olivo, y hasta con una paloma blanca posada en sus hombros mientras hablaban, como en la mítica alocución del dictador en 1959, cuando millones de cubanos le creyeron bendecido para dirigir la nación que desde entonces ha conducido magistralmente a la ruina. A pesar de lo atrevido, el performance aquella vez se concretó, pues el espacio escogido fue el interior de una instalación cultural habanera (Centro Wifredo Lam), en el marco de una bienal de arte, ante un reducido público y casi sin divulgación.

Pese a que en la prensa internacional y en las redes sociales se creó cierta expectativa sobre este segundo capítulo de “El susurro de Tatlin”, obviamente se trataba de una versión muy diferente a la primera: ahora Bruguera pondría su anhelado micrófono en el lugar de mayor simbolismo para el castrismo: la Plaza de la Revolución (Plaza Cívica, antes de que Fidel Castro se apoderara del país). Lo cual era una afrenta y a la vez una utopía.

¿Permitiría el régimen un micrófono abierto en medio de su plaza secuestrada? ¿Correría el riesgo de avivar los leves pero peligrosos latidos de una emergente sociedad civil? ¿Finalmente daría el primer paso a reconocer una oposición cuyo mayor obstáculo es precisamente ser desconocida y humillada en la isla? ¿Levantaría la bota de la desinformación, la manipulación y el miedo de la cabeza y los ojos del cubano promedio?

Una gran falacia. Esta nueva versión del performance estaba de inicio condenada al naufragio. Y sería el naufragio su objetivo, su mensaje, su éxito. Por ello el 30 de diciembre a las 3 de la tarde, como era de esperar, la artista no se presentó con su micrófono en la plaza. Unos pocos (de los poquísimos que se enteraron y que pudieron llegar) se quedaron esperándola junto a los reporteros extranjeros y la policía política. 

La Seguridad del Estado repitió su fórmula para casos como este: desde temprano activistas de organizaciones pro-derechos humanos fueron encerrados en calabozos, a otros se les prohibió salir de sus casas, y Bruguera fue reprimida por la Seguridad del Estado. En 48 horas la artista fue tres veces detenida y conducida a estaciones de instrucción policial, y hoy aguarda, sin poder salir de La Habana, a que el gobierno decida si será enjuiciada o no por intentar actuar como una ciudadana libre dentro de un sistema totalitario. 

La mayoría de los cubanos no se enteraron de esto. Ni van a enterarse. La frustración y el vacío de la isla bailaron esa tarde al compás del susurro de la plaza sin micrófono. Otro silencio semántico, incómodo pero necesario.

Lo sabemos: la maldita circunstancia de ser esta isla nos obliga a cargar con la isla a todas partes. Por eso el mismo día, a la hora en que en La Habana mataran a Lola, un grupo de cubanos se juntó en la Torre de la Libertad de Miami para exigir a los Castro el derecho a la libre expresión de sus hermanos en la isla, y apoyar a la artista secuestrada. En Manhattan, frente a la sede de The New York Times, el diario norteamericano que más ha procurado la suspensión del embargo a Cuba, exiliados de la Gran Manzana de igual modo se expresaron libremente y condenaron el régimen. Al unísono: el susurro silenciado de La Habana y el grito de Miami y Manhattan. Por suerte, ésta vez, el susurro se escuchó mucho más lejos y mucho más claro. 

Bruguera declaró que realmente pensaba que iba a poder realizar su performance en la alegórica plaza castrista. Pero por más que quiera no puedo creerle del todo. Quizás, a lo sumo, acarició alguna ilusión. Pues ni un manojo de frívolos titulares, ni un par de discursos de dos presidentes populistas, pueden cambiar tan fácilmente, como un chasquido de dedos, la realidad de un país, y mucho menos Cuba.

Sin dudas la acción, aunque frustrada, no dejó de tener su reacción. La prohibición del performance y lo ocurrido con su creadora y los disidentes, no fue un simple susurro al viento, sino que desató, por carambola, otro performance mucho mayor y más explícito sobre lo que sucede realmente en la isla: Bruguera obligó al gobierno a poner al descubierto una vez más su naturaleza antidemocrática, y a los medios internacionales no les quedó más remedio que relatar la represión contra la artista y los opositores que ansiaban usar su micrófono en la plaza, pudiendo así, la comunidad internacional, escuchar el verdadero Susurro de Tatlin, su más claro mensaje: la libertad para Cuba seguirá siendo una quimera mientras el régimen no desaparezca. Mientras tanto será imposible un micrófono libre en medio de la plaza.

Bruguera se autoproclama una artista política. Y lo es cada vez más. No es gratuito su matrimonio incondicional con el performance y la creación arriesgada, siempre en busca de un arte que se presenta como una alarma de urgente utilidad para la sociedad civil, denunciando, queriendo eliminar o al menos saltar obstáculos que tienden a coartar las libertades y anhelos del ser humano. De ahí que sea una artista incómoda para un gobierno tiránico y extremadamente manipulador como el que reina en La Habana. Y mientras el sistema pretende escarmentarle, ella le sonríe, desde su singular libertad. 

La artista se ganó este añorado baile con la libertad. El naufragio latía en la mera idea, en la visceral utopía del performance. Cubana lúcida, valiente y esperanzada, siempre supo que en su aparente pérdida podría acariciar su triunfo. Con la imagen de un micrófono vacío en medio de la plaza, logró su objetivo: amplificar el verdadero susurro que se escucha cada tarde en los silencios de la isla.
*Luis Leonel León es escritor, periodista y productor en SBS. 
@luisleonelleon