Remolcador 13 de Marzo: matar en nombre de la Revolución

TRAGEDIA

Remolcador 13 de Marzo: matar en nombre de la Revolución
LUIS LEONEL LEON / ESPECIAL DIARIO LAS AMERICAS 
dom jul 13 2014 12:49


Hace 20 años la vida de Jorge García cambió para siempre: perdió a casi toda su familia en uno de los crímenes más crueles de Cuba cuando afectos del régimen los asesinaron

 Víctimas del Remolcador 13 DE MARZO 
Jorge García , familiar de muertos en El Remolcador 13 de Marzo (Foto DLA)



Hace 20 años la vida de Jorge García cambió para siempre. El 13 de julio de 1994 perdió a casi toda su familia en uno de los crímenes de Estado más crueles de la Revolución Cubana. 14 de sus familiares huían de la isla en el remolcador 13 de Marzo y fueron asesinados en el mar por gendarmes del régimen de Fidel Castro. 

La esperanza rota

García, sentado en el comedor de su casa, amasaba la esperanza de que todo saliera bien hasta que en la radio un engolado locutor dijo que un grupo de antisociales, que intentaban llegar a EEUU, sustrajeron del Puerto de La Habana una embarcación que había zozobrado. “Pensé que los habían atrapado, pero cuando agentes del G2 me trajeron a mi hija María Victoria, escuché la historia más horrible y dolorosa de mi vida. 

Supe que los habían hundido a propósito, que la orden era matarlos con tal de que no escaparan. No les importó nada, siquiera los niños. Eran máquinas asesinas fidelistas dispuestas a todo”, narró a DLA. En el barco iban 72 personas. Todos subieron sin problemas y con las luces apagadas comenzaron su corta y agónica travesía. 

“El Gobierno dijo que habían robado la embarcación a la fuerza y es otra gran mentira. Fidencio Ramel, mi cuñado, era jefe de Operaciones del Puerto de La Habana y tenía a su cargo el 13 de Marzo. Mi primo llegó en una guagua y la dejó en una esquina con la llave puesta. A los niños les dijimos que iban a un campismo y por eso mi nieto hizo una barita de pescar con una rama de árbol y antes de irse me dijo: “Te voy a traer un pescado bien grande para que te lo comas”. 

Le contesté: “Tú siempre tan amable mi nieto”. Y él repitió lo mismo: “Tú siempre tan amable. Fueron las últimas palabras que le escuché”. 

El derecho de matar 

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dictaminó: “Las pruebas demuestran claramente que el hundimiento del barco 13 de Marzo no fue un accidente sino un hecho premeditado e intencional”. 

Las revoluciones sienten que les asisten todos los derechos, incluso asesinar a los que creen sus hijos. Para ello forman soldados, con o sin uniforme, para quienes matar en nombre de la Revolución no es un crimen sino el cumplimiento de una orden. “Confiábamos en que el barco llegaría a EEUU y, si fallaba la escapada, el mayor riesgo sería la cárcel para los mayores. 

Pero jamás imaginamos que los matarían”. No era un remolcador antiguo ni defectuoso como dijo el Gobierno cubano en su manipulación de los hechos, pero al ser de madera no resistió la brutal arremetida. Dentro de la bahía, frente al Cristo de La Habana, fue embestido por dos remolcadores de acero y mayor tamaño, que paradójicamente Ramel había comprado en Holanda en 1987. 

Los chorros no eran lanzados con mangueras sino con cañones, enfilados contra los cristales y personas, chorros de 2.500 kg de fuerza por pulgada Cuando se dieron cuenta que desde el Malecón había personas mirando lo que estaba sucediendo, detuvieron los chorros y trataron de acorralar contra un muelle al 13 de Marzo, que logró salir por la boca del puerto. Pero afuera había otro remolcador esperando para unirse al asedio. A siete millas de la costa incrementaron los chorros y los bandazos. 

Las víctimas pedían que no les hicieran daño, que los iban a hundir, les mostraron los niños, pero no se detuvieron. Uno de los remolcadores dio marcha atrás y a toda máquina arremetió la proa contra la popa del 13 de Marzo, que se partió y hundió al instante. 

“Y los otros barcos, en vez de auxiliar a quienes flotaban, lo que hicieron fue dar giros alrededor de ellos para crear un torbellino que se los tragara. Mi hija tenía en brazos a mi nieto de 10 años y pidió que los auxiliaran, que no sabían nadar, pero desde uno de los barcos le gritaron: “Que se mueran”. Intentó agarrarse a una nevera de la que estaban aferradas varias personas, pero la nevera se volteó, todos le cayeron encima y el niño se le escapó de las manos. 

Fue la última vez que lo vio”. “Quienes se salvaron fue gracias a un barco con bandera griega que venía en esa ruta. Al verlo, otro barco militar cubano, que hasta ese momento se mantuvo con las manos cruzadas, fue el que recogió a los 31 sobrevivientes”. Pese a las denuncias en medios internacionales, por varios días los medios cubanos fabricaron mentiras para justificar el hecho y silenciar los ecos de la matanza. El 5 de agosto, en el Maleconazo, Fidel Castro calificó el asesinato de 41 personas como un “esfuerzo verdaderamente patriótico”. 

La cortina del silencio
 La mayoría de los cubanos aún no conoce este crimen, gracias a la poderosa maquinaria de control de la información. Desde que sucedió la masacre, García y otros familiares de las víctimas la han denunciado ante organismos internacionales y exigido justicia a un régimen totalitario que hasta hoy asegura que la matanza fue un accidente, mientras los culpables son considerados héroes. 

Lo último que García hizo en Cuba fue declarar para un programa de TV en inglés que se vio en gran número de países. 

“Inmediatamente el acoso contra nosotros aumentó y se hizo insoportable. Estábamos condenados al ostracismo dentro de nuestro propio país, incluso a mi hija intentaron eliminarla, así que vivimos a EEUU como refugiados políticos. Aquí hemos seguido denunciando el crimen, no únicamente en cada aniversario. 

Hay que romper esa cortina de silencio”. Los asesinatos no pueden asumirse como borrón y cuenta nueva. “Sin rencor, sin odio, pero hay que decir la verdad y los culpables han de cumplir la condena que les corresponde. 

La justicia no es condenar por condenar. Existe para que estas cosas no vuelvan a suceder o al menos intentar que no vuelvan a suceder. Y cuando yo muera, si la justicia aún no se ha conseguido, pues mis hijos y el resto de los familiares de las víctimas seguirán luchando”. García dedicó cuatro años a investigar el crimen. 

Recogió el testimonio de todos los sobrevivientes. Incluso entrevistó y fotografió a dos de los principales asesinos. De ahí surgió su libro El Hundimiento del Remolcador 13 De Marzo. Entrevistó a personas que ese día no tenían que trabajar en el Puerto y sin embargo les dijeron que tenían que ir para un supuesto operativo.

“Las autoridades sabían que el barco saldría y el plan fue dar un escarmiento para calmar el ambiente de crisis en el país. Algo se les fue de las manos y al final no consiguieron su objetivo. 

El 5 de agosto Fidel Castro abrió la frontera y miles de balseros abandonaron la isla. A veces pienso que el asesinato de las 41 personas al menos sirvió para que muchas otras alcanzaran su sueño”. “Pareciera que soy un hombre muy fuerte, pero en realidad no lo soy. Mi única fuerza es el espíritu que me impulsa a decir la verdad. 

Después que termino una entrevista como ésta, donde cuento estas cosas, me siento muy mal. Llego a casa y tengo que tomarme unas cuantas pastillas y lloro porque es algo horrible lo que nos hicieron. Pero no voy a callarme.