Dentro de la literatura, todo (Entrevista a Orlando Luis Pardo Lazo sobre Generación Cero)


Nuevarrativa cubana: una antología de literatura emergente

Escritores marginados en Cuba acaban de ser publicados en Estados Unidos


Especial | SAT FEB 15 2014 07:53
Luis Leonel LeónSígueme en @luisleonelleon
Más que una antología es el viejo sueño de un grupo de narradores que comenzaron a escribir o publicar en la isla a partir del 2000. De ahí el nombre: Generación Cero. Aunque al leerlos, otras alusiones e ironías emergerán de ese simbólico “cero”. Publicado en formato digital e impreso por Sampsonia Way Magazine (City of Asylum/Pittsburgh) es un libro atípico en el contexto cubano, sobre todo por dos razones: autores no oficialistas que residen en su país y cuentos que el lector cubano no conoce.
La mayoría de los antologados han visto sus obras mutiladas, o como su editor, el escritor, bloguero y fotógrafo Orlando Luis Pardo Lazo, están perennemente censurados por sus actividades disidentes. “Otros se autocensuran y no pierden el tiempo de entregarlas a editoriales nacionales, pues los límites de la tolerancia oficial son estrechos y macabros. A Jorge Alberto Aguiar Díaz le publicaron su libro Adiós a las almas sólo para secuestrar casi toda la tirada en un almacén de la Distribuidora de Libros y convertirlos en pulpa. Los responsables de este despotismo disparatado fueron Iroel Sánchez, que aún dirigía el Instituto Cubano del Libro, y Abel Prieto, exministro de Cultura. Al gobierno cubano no le importa perder dinero con tal de controlar la información y las vidas de los creadores. Nuevos estilos de la censura en el postcastrismo, la 'Realpolitik' hoy respecto al arte, una 'Raúlpolitik' represiva que al mundo democrático no parece preocuparle”, declaró Orlando Luis Pardo Lazo a DIARIO LAS AMÉRICAS, en su reciente visita a Eckerd College en Florida.
El cuerpo, como búsqueda del otro y como trampa de la que no podemos escapar, es uno de los elementos recurrentes en el libro. “La permanente paranoia y perversión militarista nos fuerza a refugiarnos en nuestra última posesión: el cuerpo como propiedad privada, aunque sea temporal y trágica. La piel como mortaja preferible al uniforme, en este caso de color verde oliva”. Son reincidentes en esta selección “los cuerpos desaparecidos y los cadáveres reaparecidos, cuerpos semi-robotizados entrenados para pelear o para el placer (a veces cuesta trabajo establecer una diferencia), cuerpos enfermos de cáncer en el trópico del mismo nombre, cuerpos oníricos y un tanto onanistas, cuerpos violados y ciertamente habituados a ser vigilados. Cuerpos cubanos a los que nadie nunca en Cuba les ha dicho: te quiero”.
Con su implacable mezcla de realidad y ficción, Año Cero es un mapa del sentir del cubano en el siglo XXI. De sus páginas emana un país híper-real. “Puede releerse hasta con el cuerpo si vuelas media hora a La Habana desde Miami, pero es también un país ucrónico y disfuncional. Es un diagnóstico clínico y cínico de los síntomas más sutiles de nuestra cubanía ya tan descubainizada. Uno de nuestros primeros gestos artísticos de perfil postnacional. Sus autores son radicales pero no están radicados ni dentro ni fuera de la Isla, sus raíces han sido arrasadas y deben empezar de cero justo en los años cero, no importa con cuál edad”.
El arcoíris de temas y estilos la convierten en una especie de talismán, de objeto ritual más que retórico. “Es como el Aleph desde donde Jorge Luis Borges nos asomó a la ceguera de los mil y un universos simultáneos. Sería como una (mala) suerte de 'Las Mil y 959 Noches'. Una finca de prostitutas y policías, de personajes sacados de contexto, de Fidel a medio camino entre fútil y lo fósil, de muertos murientes. Acaso no sea por azar que se editara en Pittsburgh, escenario de zombies por excelencia”.
Muchos de los autores de Año Cero han lanzado en los últimos años una verdadera revolución de revistas digitales independientes dentro de la isla, como Voces (que Orlando Luis Pardo Lazo editara desde 2010 junto a Yoani Sánchez), Cacharro(s)DesLiz33 y un tercio, La caja de La China,The Revolution Evening Post, y otras publicaciones que persisten como un acto de resistencia, que definitivamente molesta al régimen, pues incitan a algo que los policías de la cultura intentan impedir a toda costa: la búsqueda de la libertad. “Este boom del editorialismo al margen de toda institución cultural y, de hecho, contra el concepto mismo de institución cultural, fue inspirado en buena medida por la experiencia previa de la revista Diáspora(s). Documentos, editada entre 1998 y 2002 por Rolando Sánchez Mejías, Carlos Alberto Aguilera y Pedro Marqués de Armas, hasta que ellos mismos terminaron diasporizados en Europa por la persecución política que sufrieron”.
Desde hace casi dos décadas, ni dentro ni fuera de Cuba, se publican antologías que funcionen como este grupo de autores, con marcas finiseculares y de estos días, donde converge el espíritu de renovación literaria con la necesidad de escapar del ostracismo, la marginación y silencio, el ímpetu de cambiar la asfixia editorial que les separa del mundo, pues dentro de la isla la mayoría de sus obras son desconocidas por los lectores, restringidos a la selección y la censura que se ejerce del Instituto Cubano del Libro, ya sea con los escritores nacionales como con lo que se supone deba leerse del resto del planeta. “Es como el laberinto imaginario de un ghetto, una trinchera antitotalitaria. El lenguaje al límite de su ludismo pero también de su 'seudodislalia'. Más que un libro es un búnker desde donde dinamizar y, de ser posible, dinamitar el campo literario cubano, que técnicamente es ya apenas un camping literárido. Practicamos el puro textrrorismo de autor. No creemos en el lector actual. Queremos crearlo a golpes de esta nueva narrativa o nuevarrativa”.
Sus autores son 'okupas' de palabras, que irrumpen con vocación de futuro en un presente fósil nacionalizado. Al comenzar su mandato Fidel Castro lanzó una frase prohibitiva: “Dentro de la Revolución todo. Fuera de la revolución nada”. El lema de estos escritores es más simple y plural: dentro de la literatura, todo. “Generación Cero es una especie de cabeza de playa, punta de lanza, otra avanzadilla (sin)táctica de guerra de guerrillas contra una literatura cubana cada vez más cobarde y aburrida, más provinciana a falta de provocaciones, menos imaginativa a fuerza de repetirse y dejarse humillar por el Estado, y por el mercado fuera de la Isla”.
Año Cero incluye 16 narradores: Jorge Alberto Aguiar Díaz, Raúl Flores, Jorge Enrique Lage, Ahmel Echevarría, Michel Encinosa Fú, Osdany Morales, Jhortencia Espineta, Abel Fernández-Larrea, Polina Martínez Shvietsova, Lien Carrazana Lau, Gleyvis Coro, Carlos Esquivel, Lia Villares, Lizabel Mónica, Erick Mota y Orlando Luis Pardo Lazo. Y ha sido ilustrado por el pintor Luis Trápaga y el grafitero El Sexto (Danilo Maldonado, que actualmente cursa una beca Miami Dade College).
La editorial newyorkina OR Books acaba de lanzar otra antología Año Ceroen inglés, titulada Cuba in Splinters, más concentrada en su noción de ruptura con la tradición literaria. Y en España se publicará en breve una tercera compilación, que incluirá hasta 21 autores de estos años cero. Por el momento, son historias escritas desde dentro que los de adentro casi no podrán leer, pues el acceso a Internet en Cuba es aún una lenta y tortuosa falacia. Esperemos que este concepto de sacar a la luz autores y libros nacidos en la oscuridad de su país, se convierta, más temprano que tarde, en un efecto bumerán para su lector más natural: los que viven en la isla.

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