Una sonrisa vs el apocalipsis. Mi columna en EL NUEVO HERALD


(En la foto aparece una obra de Liliam Dominguez, de su serie Mirror Stage)

Una sonrisa vs el apocalipsis
El Nuevo Herald
 (Publicado el jueves 02 de enero del 2014)
LUIS LEONEL LEON

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Hay quienes gozan, creen, temen o necesitan de la metáfora del fin del mundo. Lo mismo fanáticos, enfermos mentales, religiosos, políticos, estafadores. Extraños amantes del apocalipsis. Y sean víctimas o victimarios, la mayoría de las veces no se trata de un amor íntimo o silencioso que acurrucan en sus mentes o en sus camas. Generalmente es un amor sectario, enfermo y contradictorio, basado en el miedo, ignorancia, frustración, envidia, odios.

Personas, cofradías, grupúsculos e instituciones que viven de inventar temores, echando mano a cuanta calamidad suceda, haya ocurrido o esté por acontecer. Ejércitos de psiquiátricos y oportunistas que se enriquecen facturando pánicos, exportando sus hieles y oscuridades a los demás, sobre a todo a los más pobres y menos instruidos, a personas frágiles, lastimadas, y siempre a la caza de momentos en que las mentes y espiritualidades se hallan desvalidas, más dóciles a caer ante su anestésica palabrería.
Todos tenemos problemas. Y ante el más mínimo que decidas compartirle, pondrán cara de circunstancia, de sagrada compasión, te pasarán la mano por la espalda, cerrarán y abrirán los ojos con gesto de entendimiento, y te ofrecerán la salvación si formas parte de su amable y hermoso rebaño donde podrás lavar tus penas, ya sea con plegarias, diezmos u ofrendas.

En sus tribunas siempre emplearán una absurda y morbosa ecuación: mezclar frases supuestamente divinas, o polisémicas predicciones, con la larga lista de problemas que las sociedades aún arrastran, siglo tras siglo, mientras llega el momento de la devastación, el juicio final, o como quieran bautizar el terrible acabose que desde niños estamos escuchando y que inevitablemente han tenido que correr de fecha, una y otra vez, pues sin peligros ni enemigos muchos poderes se esfuman.

Hay que cuidarse de sus tramposas cantaletas como de los virus. Aprovecharán supuestas señales o contingencias para evocar su obsesión apocalíptica, para satanizar la humanidad, sobre todo al resto de la humanidad que no piensa igual y no integra su cofradía. Bastará cualquier infortunio para obviar o demeritar el desarrollo científico, el aumento del nivel y el límite de la vida, las libertades, el acceso a la información, que únicamente hoy no disfrutan quienes no viven en democracia. Todo esto y más, siempre será insuficiente o nada para los que gustan y viven de repetir que vamos de mal en peor, y que el paso del tiempo no es más que un obligado viaje hacia el fin de la Tierra.

La humanidad ha vivido tantas crisis, cíclicas e inesperadas, que ya las cargamos como a una maleta. Sin duda estos son tiempos en que gobiernos populistas saquean Latinoamérica y contaminan el frenesí de Europa, ancestrales salvajismos aterrorizan África y el Medio Oriente, y el centro mundial de convenciones que otrora fue la Casa Blanca ya le queda demasiado grande a Obama. Pero como dice el refrán: más que preocuparse hay que ocuparse. Más que temerle al fin del mundo, debemos producir por este mundo. Trabajar y celebrar el poder decir: estamos aquí, pese a pantanos económicos, holocaustos, guerras de todo tipo, extremismos, plagas, misterios, hambrunas, desgracias, terrorismos, dictaduras, cotidianos atropellos a los derechos y a la vida. Aquí estamos porque el progreso es real, porque realmente es posible seguir mejorando, gracias a que hemos escogido pensar y actuar para progresar y resolver los problemas, antes que sentarnos a esperar, con pavor o resignación, el instante en que seremos estatuas de ceniza. Hasta aquí hemos llegado porque a pesar de tóxicas cegueras, tabúes, manipulaciones y caprichos, en los momentos más difíciles abrimos los ojos. Porque poco a poco nos hemos ido entendiendo por encima de pensamientos y razas, proyectos políticos y moralidades, religiones y gustos sexuales, ideologías y modas. Porque una cosa es que este mundo que hoy transitamos no sea el que más deseamos, y otra cosa es que sea el mismísimo Infierno de Dante y no nos quede más remedio que abrazarnos a su fuego como entusiastas dementes.

El mundo es este. Aquí estamos. Desde aquí caminamos hacia el futuro y la esperanza, tal como avanzamos de un día al otro, de una estación a otra, de un año que acaba hacia otro que comienza. Y con una fe asombrosa, que trasciende hasta las más apocalípticas creencias, deseamos que se cumplan nuestros sueños, solventar carencias, tener menos depresiones, menos deudas, más salud, amor y dinero. Sabemos que podríamos hacerlo muchísimo mejor, y en eso andamos. Este mundo que tenemos es el que hemos logrado hacer. Y a pesar de innumerables reveses, pifias, accidentes, malas intenciones, aquí estamos, la mayoría de las veces sonriendo.


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Escritor y cineasta.


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