El humor existe para liberarnos del miedo. Alexis Valdés asume el rol de escritor

LUIS LEONEL LEON / Sígueme en @luisleonelleon


Luego de una fructífera carrera en televisión, teatro y cine, el famoso comediante cubano, creador de los simpaticos personajes Cristinito y Bandurria, cuenta una buena parte de sus vivencias en su primer libro: "CON TODO MI HUMOR", iniciándose así en la exploración de la literatura, que es muy diferente a hacer reír en TV, a los ganchos del teatro o la improvisación.

¿Qué diferencias descubriste entre tu humor habitual y este ejercicio de escritura?
Escribir es más tranquilo, sin estrés de cámaras y shows en vivo. Al meditar digo con más claridad lo que quiero, y en la medida que escribo descubro muchas cosas. Nunca escribí lo que pensé iba a escribir. Creo que recibimos ayuda del más allá.

¿Y quién del más allá fue tu ayudante?
Hay una actriz que cuando me ve inspirado me dice “tienes el tubo bien”. No pienses mal, que se refiere a un tubo de conexión con Dios por el cual, según ella, nos envía las buenas ideas. A veces me baja una frase, un chiste que encaja perfecto, y no sé de donde salió, es un regalo. Creo que en todo acto creativo recibimos ayuda de “allá arriba”, donde nos cuidan y guían.
Dices que “nada hace reír más que hablar de lo que no se debe hablar”.
Me gusta hablar con irreverencia de lo que es incómodo, lo que la moral considera obsceno o políticamente incorrecto. El humor existe para liberarnos del miedo. Hay muchas cosas de las que no he hablado, unas porque el libro no es la enciclopedia británica y otras porque como todos me pongo límites. No todo vale. Hay que tener sentido común. No me gusta ofender o molestar a quienes generosamente me leen o van a verme al teatro.
¿Hay mucho de autobiográfico en este libro? ¿Intentaste escribir tu primera biografía?
Pudiera ser. No porque crea que mi vida es más interesante que la de los demás, sino porque ejercito eso. Entre amigos cuento pasajes graciosos que he vivido y la gente ríe, los voy puliendo y se vuelven material literario. Me divertí escribiendo momentos de mi vida, recordé muchas cosas que vi como si fuera una película. Lo más pesado es reescribir, pulir, tratar de alcanzar un ideal de forma o estilo, al que nunca llegas, y eso es bueno pues en esta vida se está para aprender. Y yo soy un testarudo, si algo tengo es voluntad. Digo lo hago, y lo hago.

En el libro cuenta y reflexiona sobre sus personajes, las obsesiones, los temas recurrentes y la familia, así como el sexo, Cuba, España, un viaje a Etiopia para entretener a las tropas cubanas.
Ha fascinado el personaje de mi abuela América, que es mucho más que lo que sale en el libro. También el viaje a la guerra de Etiopía porque allí ocurrieron cosas únicas, sorprendentes. Y la parte del artista tratando de encontrar su camino. La gente se identifica con el que lucha en la vida.
Cuba está en el libro. ¿Qué te duele más de tu isla?
No poder trabajar con muchos artistas que admiro. Me duele que se haya hecho tan difícil abrir un camino de entendimiento que solucione esta tragedia que ya dura tanto.
¿Para quién escribiste?
Mi público es muy variopinto. Desde una persona de mucha instrucción a una muy sencilla. Trabajo para todos, intentando varios niveles de lectura, desde los más cultos a los menos. A veces me sorprende lo que me dice gente supuestamente menos culta, pero con una sabiduría natural o popular impresionante.
¿Inspiraciones, deudas, plagios, al escribir el libro?
Debo mucho a todos los que leo, pero mencionarlos tal vez sonaría pretencioso. Leo mucho y se me quedan muchas cosas. Pero creo que si a alguien, desde el punto de vista de la escritura, le debemos los cubanos de mi generación, es a Héctor Zumbado. Cuando yo era joven él era la biblia del humor. Después conocí a Groucho Marx, Woody Allen y otros grandes del mundo.
En varios párrafos alude a estar escribiendo un libro. ¿Fue idea suya, un encargo, un viejo sueño?
Mi editora Casandra Badillo me impulsó. Fue el motor. Aunque hace años ya quería hacerlo. Digamos que se juntó el hambre con la comida.
¿Por qué la risa le ganó a la ingeniería?
La ingeniería no ingenia cada día como el humor. Si los ingenieros fueran tan creativos como los humoristas, hace rato iríamos a la Luna cada uno en nuestra propia nave.
¿Después de publicado, recordaste cosas que te hubiera gustado narrar?
Tendré que escribir al menos diez libros más. Todo lo que uno quiere decir y contar no cabe en esas páginas.
¿Habrá segunda parte, quizás una saga?
Si a la gente le gusta, lo haré. Yo trabajo para la gente. Y les agradezco que me permitan vivir haciendo esto que amo: contar historias.

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