La "América Le-Trina" del artista cubano Williams Carmona

El pintor afincado en Puerto Rico llega a Miami para mostrar su surrealismo tropical

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Con él no funcionó el cuento de la cigüeña. Una ola lo dejó sobre el malecón habanero a finales de los 60. Desde allí se inventó un mundo alegórico para hablar del mundo real, a veces con tanta crudeza que no le dejaron exponerlo. Y se escapó. Vive en San Juan hace 20 años. Isleño por partida triple: Cuba, Puerto Rico y la isla de su imaginación. Por casi tres décadas ha creado en contra de todo lo que le ha molestado y a favor de sus amores, repensando, interrogando sus mitos y recuerdos, pintando y esculpiendo gritos, miedos, silencios, todos sus deseos. A Miami lo ha traído el reencuentro con los suyos, un monumento a Celia Cruz y su nueva exposición: América Le-Trina, que se inaugura este sábado 12 de octubre en Unix Gallery (2219 NW 2nd Ave, Wynwood, Miami), donde estará por casi un mes. 
¿Cómo llegaste al surrealismo tropical? 

Lo descubrí viviendo en Cuba. Me di cuenta que nada era verdad, todo era muy hipócrita. Mucha demagogia. La riqueza era mala y mucha gente se arrastraba por casi nada. Sustituyeron la comida por ideología y poco trabajo, la gente hace como que trabaja y el gobierno hace como que les paga. Ese es el comienzo de mi surrealismo tropical.
En tu obra hay una necesidad de reflejar los problemas de tu entorno. Te convertiste en contestatario y en Cuba chocaste con no pocos muros, hasta que te fuiste. 
Sí, tuve que irme, porque iba a terminar en la cárcel o sabrá Dios qué me hubiera pasado. Estábamos recordando el performance en el Instituto Superior de Arte, donde delante de toda la escuela puse a defecar a un amigo actor en un inodoro mientras leía fragmentos de libros y del Granma (periódico del Partido Comunista) para al final usarlo como papel higiénico, como muchos cubanos hacían por culpa de la escases y la miseria a que están sometidos. Era una manera de decirle al gobierno: miren lo que ustedes mismos hacen, cómo obligan a la gente a algo que va en contra de los supuestos principios de la Revolución. Y a la vez una crítica irónica, diciéndole para lo que quedaban las noticias y consignas. Un juego ambiguo por el que por suerte no me pasó nada grave. Seguí realizando performances cada vez más arriesgados, hasta que tuve que escaparme porque me censuraron todos los proyectos y vivía en una hostilidad en la que ya fue imposible hacer mi obra. 



Sus creaciones son su autobiografía simbólica. Casi todas contienen fragmentos de su vida. Sus obsesiones, la persistencia del anhelo, los laberintos del amor, la maternidad, la ecología, la política, el drama de Cuba, toda la historia cocinándose en un sartén surreal.
 
Desde los 11 meses fui huérfano. Agradezco a mi madrina Lola haberme sacado del orfelinato. Y a mi padre adoptivo, Pablo Milanés, que me dio su casa, me ayudó mucho y hasta se metió en problemas con las autoridades por sacarme de los míos. Y a otros más que fueron y son mi familia. Desde entonces no he parado de crear. Es mi constante diálogo con el mundo, que es mi casa. 

Artista metafísico, dice crear las 24 horas, lo mismo en impecable lienzo que dándole otra vida a materiales desechables, con el fin de emocionar o hacer pensar. En sus cuadros y esculturas habitan personajes de otras épocas y autores, interactuando con los que se topa en la calle o cree encontrar, o desembolsa de recuerdos, vividos o imaginados. 

¿Tus personajes te acompañan? 
Tengo un viejo que viaja conmigo, que me salvó de ser común pero no arbitrario. Se llama El Caballero de París. Y otros deambulantes que hablan en mis cuadros. Y yo hablo a través de ellos. Experiencias que nacen de cada viejo sabio que me encuentro y que me hacen ser quien soy. Odio repetirme, por eso no envejezco. Los años vividos aunque sean frustrantes son la vida. Como dice Pancho “esta vida loca, loca loca como yo”. Soy un balsero como el de Amaury Gutiérrez, que llegó al muro, pero tratando de derrumbarlo para siempre. Por eso rechazo a los politólogos y a los políticos que prometen porque casi siempre huelen a fracaso. 

En Cuba en 1986 tuviste un encuentro casual con Jack Lemmon.

Estaba en un taller de la escuela pintando un cuadro y de pronto me volteo y era Jack Lemmon observándome. Me dijo: ¿Cuánto vale, te lo compro? Imagínate, venía escoltado por la gente del gobierno que lo paseaba por La Habana, y qué le iba a decir, sino: no, esto no tiene precio, se la regalo. Y la verdad en esa época yo no vendía mis cuadros. Mi primera venta la hice en Puerto Rico y aún en mi taller tengo pegado un dólar de aquel dinero. 




Te han elegido para diseñar en Miami el monumento a Celia Cruz.
Una mujer que no descansa en paz, porque para mí las almas que descansan en paz son aquellas de las que no se habla. Será la reina de Cuba toda la vida. Gracias a la Fundación Celia Cruz, en especial Omer Pardillo, su hijo, tendremos uno de los monumentos más importantes del Sur de la Florida y seguramente el más visitado. Es un orgullo. 


Has pintado obras para famosos como Sting, Elton John, Paul McCartney, Hillary Clinton, Robert De Niro, Celine Dion, Ricky Martin, Alejandro Sanz, Barack Obama. 
El gobierno de Puerto Rico me encargó pintar para estas y otras personalidades cuando han visitado la isla. Yo les he entregado sus cuadros, en los que no solo represento sus figuras sino también lo que siento que son. Trato de retratar quizás sus almas. Hillary tiene colgado mi cuadro en su despacho y el presidente Obama también quedó muy impresionado y agradecido por la obra. 
 
¿Qué te hechizó de Puerto Rico? 
Fue como un amor a primera vista. Es y será mi isla del encanto. Me abrió sus brazos como a un hijo. El lugar donde he logrado hacer mi obra por 20 años y vivir feliz, libre y realizado. Es imposible de olvidar Borinquen. Llegué en el 93 y me quedé porque la sentí mi segunda patria. Aquí viven todos mis hermanos boricuas, que siempre quise ver, a pesar de tantas mentiras que me hablaron de ellos. 

Para cualquier cubano que lleve 20 años sin poder regresar a su tierra, hablar de Cuba es una emoción difícil. 

Es una tierra bella, siempre lo será, a pesar de todo. Como me han alejado de ella, algún día volveré con libertad. La Cuba de la mafia castrista es la peor cara de Cecilia Valdés. Cuánta humillación, desmoralización y pena, cuánta bajeza, miles de cosas se pueden decir. Cuánto daño le han hecho a ese pobre pueblo. Me pregunto por qué Dios nos abandonó entre tantos caníbales políticos. Y todo por nada: capitalismo para los gobernantes mafiosos y socialismo para la gente de a pie. Ricos y rateros escondiendo dinero en otros países. ¡Prohibido olvidar! 


¿Por qué no crees en el futuro? 

Porque no existe. Me di cuenta que es un truco el calendario. Los años te ponen edad, y el futurizar siempre trae sorpresas que nunca esperas. Creo en hoy, y mañana si me levanto. Hoy es mi mejor día. Espero hacer todo lo que quiera hacer. El que se pone metas muy lejanas se arruga esperando oportunidades. Sueles echar mano a una pléyade de símbolos tan cubanos como latinoamericanos. 


¿Por qué esa obsesión con América Latina? 

Es una mujer decente que han hecho prostituta a la fuerza. Nunca dijo basta ni echó a andar. La han convertido en una letrina. Siempre he creído en el mejoramiento humano, pero a veces se me derrumba ese sentimiento. ¡Agarra a los tuyos y cuídalos, que se avecinan tiempos peores! Los caudillos de hoy, sobre todo de izquierda, desde que descubrieron que el dólar vale mucho y que la riqueza ajena no les cuesta, se han especializado en ser ladrones y rateros políticos constitucionales. 

Siempre ha sido difícil vivir del arte, vender bien y seguido sobre todo en estos tiempos, a no ser que el artista goce de las prebendas de las grandes galerías, o se haya armado una industria como Britto. Pero Carmona ha encontrado un punto, un sabor podría decirse, que cautiva diversos paladares con la magia de los amores a primera vista. Tal vez será porque en su tropical surrealismo convergen: una técnica excelente, la parábola oportuna, la preocupación social, el mensaje inteligente, la fantasía desbordada y un gran poder de seducción del que muy pocos escapan. No en balde desde los 90 sus obras integran prestigiosos museos y colecciones de Europa, Latinoamérica y EEUU, y han sido subastadas por Christie’s, Phillips de Pury y Sotheby’s. 

¿Y cómo nació tu América Le-Trina

El hombre va camino del medioevo social: los gobernantes son analfabetos funcionales, incultos, retorcidos, y encima dictadores, enfermos de poder con pretensiones dirigir los destinos de la gente por toda la vida. Por eso gobiernan con el garrote como en el medioevo. Andamos por los feudos, entre guerras, trampas y miserias. Después de tantas decepciones con América Le-Trina, esta exposición la dedico a Lola Andrea, mi hija por nacer, y a mi esposa Mikaela. Quiero mantener la fe. América no debe cantar al son de letrina.