El mundo dice su último adiós a Saramago, aunque él no le dirá jamás su último adiós al mundo


Hace tres años escribí este breve homenaje a la eternidad de Saramago. Varios medios y blogs lo publicaron, entre ellos “En el mar más allá” http://enelmaralla.blogspot.com/2010/06/luis-leonel-leon-escribe-un-homenaje-la.html de mi amigo Lemis Tarajano.




El mundo dice su último adiós a Saramago, aunque él no le dirá jamás su último adiós al mundo. El conocía bien las reglas de la vida, y no pocos de sus más repetidos misterios. Alcanzó a describir, como muy pocos, las huellas de nuestra lucidez y nuestra ceguera cotidianas. Redactó singulares manuales de pintura y de caligrafía y de otros raros y eternos oficios de vivir, que han tenido en cuenta no sólo muchos aprendices de calígrafos y de pintores, sino millones lectores y espectadores por el mundo. Nos contó historias de tierras de pecados, como todas las tierras que existen. Narró los viajes de ciertos elefantes con memorias de hombres, hombres a veces duplicados, pero sobre todo hombres, pues siempre escribió de eso que somos, de lo que queremos ser y lo que no aún somos, y seguramente jamás seremos, nosotros, los hombres, hombres detrás de Cristo y de Caín, hombres detrás de nada y detrás de todo, hombres del mundo, y también contó de ciertos hombres que como él, a partir de hoy, vivirán ya para siempre en el convento de la memoria, le construyan o no algún memorial. Fue un buen cantor, y entre otras cosas, y como debe hacer todo hijo alguna vez, le compuso una canción a su primeriza Lisboa, a la que dijera adiós como un legítimo exiliado, como muchos otros, y le cantó con otro amor a su segunda casa, la apacible Lanzarote. Habló de casi todo, por no decir de todo, y al final, tal vez, nunca podremos saberlo, de casi nada, eso que somos y nos dijo, una y otra vez. Y por supuesto, también quiso escribir de la incontable intermitencia de la muerte, esa balsa de piedra que ahora, levantado del suelo, le hablaría al oído en esa otra isla, donde seguramente alguien le ofrecerá una amorosa, silente y casi auténtica revolución de otros laureles, de este y de otros mundos, esos mundos conocidos, imaginados y posibles de los que también, más de una vez, él como pocos redactó, para nosotros, que le leeremos una y otra vez. Pues aunque el mundo diga su último adiós a Saramago, él se niega a decir, jamás dirá, su último adiós al mundo.

Luis Leonel León, Junio 19, 2010, Bogotá.